En muchos cementerios hay tumbas olvidadas. Ni flores, ni visitas, ni nadie que las recuerde.
Detenerse un instante ante uno de ellos, ofrecer una reflexión, un gesto… es un acto de profunda humanidad.
Es un recordatorio de que todos nosotros, en algún momento, simplemente queremos no ser olvidados.
Y ahora, una reflexión importante.
Un día, tú también estarás del otro lado.
Y la verdadera pregunta es:
¿Serás recordado con amor?
¿Alguien notará realmente tu ausencia?
Porque al final, lo único que queda… es lo que sembraste en los demás.